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Secretary of Labor Thomas E. Perez
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En Sus Palabras

Palabras De Thomas E. Pérez, Secretario De Trabajo De EE.UU

Casa Blanca — Mes De La Herencia Hispana

30 De Septiembre De 2013

Estoy orgulloso de ser parte del gabinete del Presidente Obama como Secretario de Trabajo de los Estados Unidos. Y me enorgullece ser hijo de inmigrantes latinos que amaron fervientemente y abrazaron los valores de su país de adopción. Mis padres enseñaron a sus cinco hijos a trabajar duro, a tener altas metas y a ser agradecidos.

Mis padres llegaron a Estados Unidos buscando refugio contra el brutal y represivo régimen de Trujillo, en la República Dominicana. Mi abuelo materno fue el embajador de la Republica Dominicana ante los EE.UU. y fue declarado persona "non grata" en la década de 1930 por haber disentido contra la masacre de miles de haitianos.

Mi padre escapó de ese mismo régimen unos años más tarde y mostró su agradecimiento prestando sus servicios en el ejército de Estados Unidos con distinción y como inmigrante legal. Eso lo llevó al desarrollo por toda su vida de su carrera en medicina sirviendo a los veteranos en el hospital de VA. Mis padres inicialmente inmigraron a Washington Heights en la ciudad de Nueva York, que es en realidad una meca de dominicanos nativos. No obstante, con el correr del tiempo se establecieron en Búfalo, Nueva York.

Yo no cambiaría por nada la experiencia de haber crecido en un hogar bilingüe y bicultural. Gané en apreciación a la lucha y el sacrificio de aquellos que me precedieron. Ellos me enseñaron que la educación es el gran ecualizador. Aprendí que en verdad la diversidad es una fuente única de la fuerza y ​​vitalidad de los Estados Unidos. Vi a diario las miles de maneras en que los latinos contribuían a la vida económica, social, cultural y política del país. Y finalmente terminé por elegir una carrera en servicio público como abogado especializado en derechos civiles ya que no encontré mejor manera de darle aún  más sentido a los valores que mis padres me inculcaron.

En 1960, cuando mis padres estaban formando a su familia en Búfalo, había unos 5.8 millones de hispanos viviendo en los Estados Unidos. Ya hay 53 millones, un aumento de casi diez veces más. Pero no son han crecido en número sino en importancia, influencia y logros. Dudo que mi madre, quien comenzó la universidad el mismo año que yo, hubiese imaginado nunca que una latina terminaría sirviendo en la Corte Suprema de los Estados Unidos. Me habría encantado que lo hubiera visto en vida. Y dada su devoción por los veteranos, pienso que mi padre se hubiera emocionado al saber que una de las primeras víctimas mortales de la guerra de Irak fue un joven de Guatemala, quien obtuvo su ciudadanía estadounidense con carácter póstumo.

Hemos sido testigos del  enorme progreso que ha experimentado la integración de los latinos en Estados Unidos. Pero queda por hacer mucho más. Demasiados hispano-americanos  tienen dificultades para acceder a las oportunidades que Estados Unidos promete. Demasiados aún viven marginados y en la sombra. Muchos lo están teniendo difícil para llegar a ser parte de la clase media. Muchos se encuentran con que los peldaños de la escalera de las oportunidades están cada vez más separados entre sí. Nuestro presidente está comprometido a cerrar esas brechas y a crear accesos a dichas oportunidades. Y yo, primero como Secretario Adjunto del Departamento de Justicia en la División de Derechos Civiles y ahora como Secretario de Trabajo, permanezco junto al presidente hombro con hombro trabajando hacia la consecución de esas metas.

Apenas unas semanas atrás dimos un gran paso en la protección de los derechos laborales de muchas latinas que trabajan en la industria del cuidado directo proporcionando servicios de salud en los hogares de personas mayores e personas con discapacidades. Gracias al liderazgo del Presidente Obama, promulgamos un nuevo reglamento que otorgará finalmente derechos al salario mínimo y horas extras a casi 2 millones de trabajadores de cuidados directos, mujeres en su mayoría, y muchas de ellas latinas. Durante años, los trabajadores de cuidados directos estuvieron atrapados un tecnicismo legal que los designaba como ‘acompañantes’ y, por ello, permanecieron así excluidos de estas protecciones básicas bajo la ley.

Estos trabajadores no son acompañantes sino profesionales cualificados y capaces que cada vez están mejor preparados para prestar un servicio vital. Ya era hora de que comenzáramos a recompensar debidamente este trabajo. Se trata de un gran paso que ayudará a muchos a salir de la pobreza y reciban un pago diario honesto y merecido.

Yo sé que estos temas serán tratados más adelante hoy aquí en este evento, pero antes de concluir no quisiera dejar de hablar sobre la apertura del Mercado de Seguros Médicos. Desde el 1 de octubre más de diez millones de latinos que actualmente se encuentran sin seguro pueden encontrar opciones de cuidado de salud ajustadas a sus presupuestos y necesidades.

Todo está en healthcare.gov o en CuidadoDeSalud.gov. Seis de cada 10 estadounidenses sin seguro médico podrán obtener sus coberturas por menos de $100 al mes.

Este es un momento histórico. Millones de estadounidenses que han estado excluidos de nuestro sistema de salud tendrán ahora la seguridad y tranquilidad de saber que contarán con una atención fiable cuando la necesiten. Ya no tendrán que preguntarse si podrán permitirse llevar a su hijo enfermo al médico o pagar por los medicamentos que necesitan para mantenerse saludables. A través de sus organizaciones, espero que nos ayuden a correr la voz sobre las oportunidades que se ofrecen a través del Mercado de Seguros Médicos.

No puedo finalizar todavía sin antes mencionar nuestros esfuerzos para arreglar nuestro sistema de inmigración. Esta tarea, simplemente, es un imperativo moral, un imperativo económico y un imperativo de seguridad nacional. Necesitamos una reforma de sentido común que nos brinde un sistema inmigratorio para el siglo 21; una reforma que ofrezca un trato más justo para todos los trabajadores estadounidenses, que sume miles de millones de dólares a nuestra economía, y que proporcione el camino hacia la ciudadanía ganada.

Arreglar nuestro sistema de inmigración ha sido un asunto bipartidista a través de los años: cuando Ronald Reagan lo hizo a mediados de la década de 1980; a mediados de la década de 1990 también, cuando trabajé en primera fila junto con el Senador Kennedy en el Comité Judicial del Senado. Y hace unos meses, el Senado convino en un espíritu bipartidista para aprobar una ley sólida que se ajusta a los desafíos actuales. Espero que la Cámara pronto haga lo mismo y lleve un proyecto de ley al escritorio del presidente.

Permítanme concluir agradeciéndoles a todos por el importante trabajo que ustedes realizan, por su liderazgo diario en capacitar a gente, en darles una voz, en brindarles la oportunidad de ver realizados sus sueños mejores y más grandes. Nos enorgullece trabajar con ustedes, y nos encanta que estén hoy aquí para celebrar el Mes de la Herencia Hispana con nosotros.